Fin de la cita

Ayer asistimos a una prueba más que constata el poco respeto que nos muestran nuestros representantes en el gobierno. Vimos como unos leían el discurso que llevaban preparado, vacuo. Vimos como otros hacían exactamente lo mismo en su tiempo asignado. Vimos réplicas preparadas de antemano, leídas de forma vergonzosa. Vimos todo esto y mucho más con ojos avergonzados,  mirando a través de los dedos. Vimos de todo menos debate. Vimos como nos despreciaban minusvalorando nuestra inteligencia e ignorándonos.

Y si no hay debate, ¿para que sirve todo esto?. ¿Cuánto dinero nos costó el numerito circense de ayer?. ¿A cuanto asciende la broma entre dietas, gastos de personal, transporte, etc?. Perfectamente nos lo podíamos haber ahorrado. Se podría haber reducido al envío de forma electrónica de los discursos de cada uno de los grupos. Se podrían haber colgado todos al mismo tiempo en la web del gobierno. Habría servido para lo mismo, pero a un coste muy inferior. Además nos habría ahorrado el bochorno de ver semejante espectáculo.

Entrando en el fondo del discurso de Rajoy, que era el importante, no puedo estar más de acuerdo con Alfred Bosch, quien dijo que después de escucharle sólo cabían dos posibilidades, o que Rajoy mentía como un bellaco o que era un zoquete.

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UPyD, a través de Rosa nos deleitó con una batería veinte preguntas para Mariano, que fueron convenientemente ignoradas, y es que esos señores ignoran que todos y cada uno de los grupos nos representan. Ignoran que cuando se menosprecia a un partido político en el congreso se está menospreciando a miles de ciudadanos que les eligieron para que los representaran. Ignoran que si menosprecian a un grupo me están menospreciando a mi, a mi vecino, al tendero de la esquina… ¿molestas?

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Nos toman por tontos

Evidentemente nos toman por tontos, y en cierto sentido lo somos. Es tan grande la maraña burocrática que han montado que no caer en el engaño supone un trabajo a tiempo completo. Como claro ejemplo de esto todos recordamos la visita del Papa a Madrid en 2011. En esa ocasión nuestro siempre bien amado alcalde nos dijo que esa visita no nos iba a costar nada. Es más, nos aseguró que nos iba a dejar pingües beneficios, de los que disfrutaríamos durante generaciones, pero no, al final dejó deuda.

La realidad es bien distinta, y como buen político, todo lo que dijo es un cúmulo de medias verdades y mentiras incompletas. En esa ocasión parte del presupuesto del JMJ, unos 16,5 millones de euros, los aportaron entidades patrocinadoras como la Caja Madrid o el Banco Santander; cantidades que pudieron desgravarse casi en su totalidad debido a que el gobierno declaró el evento de interés general. En palabras de Daniel Montoro en su fantástico libro el club de los pringaos:

En total, el Estado dejó de ingresar por estos conceptos entre 13 y 16 millones de euros. Un dinero que no sale en las cuentas.

Otro escándalo más

Otro escándalo más. Esta vez sobre operaciones irregulares que afectan al ministerio de Hacienda. Ya sabemos que nunca descubriremos la verdad, que no dimitirán, que nadie pagará por ello.

Todo parece indicar que hay una serie de personas a las que hacienda no puede investigar. Esto no es nuevo. Si hacemos memoria podemos recordar un caso similar en el país vasco hace unos años. De aquel caso aprendimos que la memoria es frágil e incansable la paciencia del parásito.
En fin, otro ejemplo más de que no todos somos iguales ni ante la ley ni ante hacienda.

La verdad sobre los impuestos por rentas del trabajo

Los impuestos por rentas del trabajo son aquellos que pagamos todos los que trabajamos por cuenta ajena. En este grupo nos encontramos la mayoría de los que pertenecemos a la clase media. Somos numerosos, aunque en la práctica los más vulnerables frente a hacienda, ya que por un lado todos los impuestos nos los retienen antes de que el dinero llegue a nuestras manos y por otro no disponemos de recursos económicos suficientes para disminuir de alguna forma estos impuestos.

Somos el grueso de la población, lo que se traduce en que en teoría somos los que decidimos la política fiscal que se hace en este país.

Con estas premisas sería bastante difícil asumir que mientras que nosotros estamos pagando sólo por las rentas del trabajo cantidades que exceden fácilmente el cincuenta por ciento gente como la familia Botín solo pague el uno. Espera, ¿has dicho más del cincuenta?, ¿pero eso no es sólo para los ricos?. Pues no. Los ricos son los del uno por ciento, con suerte.

Una vez más el gobierno ha empleado la máxima de divide y vencerás para evitar que los ciudadanos nos tiremos al cuello descarnando y esparciendo vísceras y huesos.

Por una lado divide los impuestos en trocitos. Se habla mucho del IRPF, pero no de una pléyade de cifras que salen de nuestro bolsillo en forma de “contingencias comunes”, “desempleo”, y otras varias. Por otro lado divide el pago en dos. El primero lo hace el trabajador y el segundo el empresario, que aumenta su coste por tener un trabajador dado de alta en el 31,5% del sueldo bruto. Suma y sigue. En el caso de la familia Botín el cálculo es mucho más sencillo, el 1%.

La próxima vez que vengan con la milonga de que van a subir el sueldo a los ricos yo siempre me miro el bolsillo, porque rico cualquiera en este país, cualquiera menos los que tienen dinero.

Parafraseando a Becker:

¿Qué es ser rico? —dices mientras clavas
En mi pupila en mi pupila azul.
¿Que es ser rico?.¿y tu me lo preguntas?,
Rico … eres tu.

No marques la casilla

Tal vez ya sea demasiado tarde, tal vez ya lo hayas hecho. Para los pocos rezagados que todavía no hemos cumplido con Hacienda un consejo: no marques la casilla.

Y no me estoy refiriendo sólo a la casilla de la iglesia, sino a ambas, la de la iglesia y la de fines sociales. No te dejes engañar. No es cierto que no te cueste nada; no es cierto que vayas a cobrar lo mismo; tampoco es cierto que puedas seleccionar ambas sin ninguna repercusión. No en el mundo real. No en un mundo donde el dinero es finito.

Que cada uno se pague sus fiestas. Que cada chorizo se busque su pan, que ya estamos hartos de subvencionar tantos bocatas.

 

Da rabia

Da rabia la situación política actual. Produce una mezcla de estupefacción, indignación e impotencia. Cada día surge un nuevo escándalo, una nueva corruptela, un robo mayor que el que fue noticia el día anterior. Tenemos que presenciar, día tras día, como nos roban nuestro futuro; como indeseables con corbata o barbudos con jersey han transformado nuestro orgulloso país en un apático cenagal.

En una democracia perfecta esta situación sería inconcebible. En esa situación los ciudadanos sacaríamos del poder a todos los corruptos. La realidad es muy diferente.

El poder tiene muchas técnicas para disuadirnos de ejercer esta capacidad, que marca la diferencia entre este método de gobierno y otros. Por un lado controlan los medios de comunicación. Gastan nuestro dinero en propaganda. Reducen la calidad de la educación. Juegan con nosotros al juego del bipartidismo. Y si todo falla y al final se descubre su robo no pasa nada: jueces comprados, instituciones de control desmanteladas, privilegios salvadores…

Lo han conseguido. Tenemos una ciudadanía enajenada de la realidad; que vive la política de la misma forma que el fútbol; que se preocupa de pequeños detalles en lugar de entrar en el meollo de la situación. Pero, ¿qué podemos hacer?.

Para empezar debemos ser conscientes de que votar, como cualquier decisión, exige responsabilidad. Debemos votar como si nuestro voto fuera el decisivo, el que incline la balanza hacia nuestra elección. Debemos ser intolerantes con el engaño y con el fracaso, castigando mediante nuestro voto esas situaciones. Todo esto lo podemos hacer como mínimo cada cuatro años. Dedicarle una hora de nuestra vida para recordar que prometió en las últimas elecciones el partido al que le dimos nuestro voto y que hizo realmente con la confianza que le dimos. Y ser inflexibles. Si no cumplió, si no se comportó con honestidad, no votarles. Pero entonces, ¿a quién voto?. La respuesta es muy sencilla: a otros que cumplan esos requisitos y su programa electoral se aproxime a nuestras ideas. ¿Y si no hay ninguno?. Pues a ninguno. No hay que olvidar que esa opción siempre existe.

Votar es hacerte responsable de nuestro futuro.

Realidad subliminal en la publicidad

A veces la publicidad nos muestra la realidad, aunque sea subliminalmente. Si nos fijamos en las imágenes finales del nuevo anuncio de Aquarius. Sí, ese en el que se habla tan bien de los políticos españoles, podemos ver la desproporcionada cantidad de políticos que hay en España comparados con otras zonas del mundo; y esto ocurre tanto si comparamos extensión como población.

Como se suele decir: una imagen vale más que mil palabras

.aquarius

Evolución del precio del Metro de Madrid

Hola a todos.

Han pasado ya muchos meses desde la última entrada y no es que haya dejado de sentirme atracado, sino todo lo contrario.

Pero a lo que vamos.

A raíz de un comentario en la entrada sobre la evolución del precio del metrobús en Madrid, he estado buscando los datos de precio del billete sencillo de metro en estos últimos años, para que podamos compararlos con el IPC correspondiente a esos mismos años.

Aquí os dejo los datos.

Primero comparamos la evolución real del precio del metrobús con la que hubiera tenido si se hubiera incrementado cada año el IPC correspondiente.

Se puede ver claramente como el precio del billete ha crecido mucho más que el IPC, pero vamos a ver el caso del billete sencillo:

En el gráfico anterior se puede ver como en 2005 el precio del billete se redujo hasta converger con el precio que debería tener si cada año se incrementara el IPC. A partir de ese año y hasta 2011 el precio de este tipo de billete ha quedado estancado, existiendo un déficit entre el precio real y el precio IPC. Sin embargo con el incremento aplicado este año se han resarcido con creces.